Historia

Primeros Balbuceos de la Hoja de la SierraPortada Hoja.

Queriendo hacer un homenaje a esta sencilla hoja y a los que en ella han escrito, durante algunos domingos en esta contraportada van a aparecer escritos de los Sacerdotes que han colaborado en esta Hoja, así como una historia de su recorrido.

 Sin las grandes pretensiones de los periódicos cuando cumplen 100 años, sin los medios de financiación y la cobertura mediática que los medios poseen hoy, la humilde Hoja de la Sierra, va a cumplir 25 años, en las manos de los feligreses del Camero Nuevo y me parece fenomenal que lo quiera celebrar. Son casi mil números, unos doce tomos los que la tenemos encuadernada, y a pesar de tantos cambios de sacerdotes que han pasado por los pueblos de Cameros, se sigue manteniendo y llegando a todos los hogares, a los enfermos y también a los que están fuera, que la leen y la esperan cada domingo.

Es curioso cómo ha subsistido una hoja tan humilde y con apenas medios, pagada por las La Sierra 1parroquias, y realizada y fotocopiada en la misma Sierra. Si uno contempla los primeros ejemplares a “multicopista”, de aquellas que se le daba vueltas al tambor con la manilla, con un cliché de cera hecho a máquina de escribir y cuyas teclas quedaban atascadas con una sustancia viscosa que no se iba, se da cuenta del enorme trabajo que suponía sacar 100 ejemplares de la Hoja de La Sierra. ¡Y contando con que el cliché aguantara empapado en tinta y no se rompiera, si no, había que repetir y copiar un nuevo cliché!.

Posteriormente las tres parroquias mayores de la sierra: Villoslada, Ortigosa y Torrecilla, se lanzaron a la compra de una multicopista eléctrica (no había que darle vueltas a mano), lo cual era un gran avance, pero al ser de segunda mano no debió funcionar bien y todo se quedó en arreglos y un trasto más en la parroquia, con lo cual la Hoja se interrumpió, así lo explicamos en La Sierra Nº 0 : “ Por dificultades de multicopista para confeccionarla, nos vimos obligados a suspender su publicación. Pero de nuevo estamos aquí”. Esto era Febrero de 1987. A partir de Marzo de este año la Hoja de la Sierra empieza a publicarse en fotocopiadora con toda regularidad, y hasta hoy.

Las primeras hojas de 1982-1983 – que aún conservo con veneración – en un papel amarillento, como los viejos periódicos, con las letras emborradas y manchas de tinta por los márgenes, se preocupan por la galopante despoblación en la comarca y nos dan en tres columnas los nacimientos, matrimonios y defunciones en el Camero Nuevo en 1982, excepto en Torrecilla y sus anejos; este es el resultado: Matrimonios 3, Nacimientos 5, Defunciones 16. Con este ritmo y sumando los que emigran, se atisba un futuro muy negro para los Cameros. Las páginas centrales las dedican a la entrevista de un anciano matrimonio de Villanueva. Son Rufino Soria y Amparo Alfaro, nacidos en 1900 y 1904. ¡Una delicia!

Y termina la Hoja con un comentario breve y sencillo a la Palabra de Dios en la 1ª Carta de S. Pablo a los Corintios. Todo ello con unos dibujos a mano, sencillos, casi infantiles de ovejas que son idénticos a los que aparecen en el primer número de la Revista de El Serradero cuyo primer número aparece el 23 de Abril de 1983, lo que indica que esos dibujos de ovejas, montañas con pico de nieve y pueblecitos en las laderas, proceden de la misma mano. Aquella primera hoja lleva el título de: Hoja Informativa Parroquial: LA SIERRA.

La Sierra 2La 2ª Hoja, está fechada de esta manera: 9-15 de Enero de 1983, y la primera página está escrita a mano, es una adiós a la Navidad. En el interior hay una preciosa carta de un adulto a los Reyes Magos. Cuesta leerla porque casi se ha borrado la tinta. Después de estas hojas, cesa la publicación por las dificultades de impresión ya citadas, y porque se dan varios cambios de sacerdotes en las parroquias serranas, y se va formando el equipo, junto con Religiosas de la Compañía de María, y se vuelve a plantear la necesidad de continuar la experiencia de la Hoja de La Sierra.D. Gerardo Villar, párroco de Ortigosa, con su acostumbrado empuje, anima y alienta la publicación, que ya sigue regularmente hasta nuestros días.

Después de esta visión de conjunto de su época de nacimiento, observamos que los temas que trataba eran muy variados;  nunca suele faltar el comentario del Evangelio del Domingo, pero también la preocupación por los pueblos de la comarca, sus gentes, los ancianos, los niños que quedan en nuestros pueblos, los servicios y problemas. Otras veces era la comparación de los habitantes de la Sierra en 1845 con los de 1981, las escuelas, el cross de los niños, los carnavales, la Cuaresma, Consejos Escolares, etc, etc. Una de las secciones de la Hoja que todo el mundo lee al abrirla, es la de las noticias de cada pueblo de la zona: bautizos, matrimonios, defunciones, celebraciones, grupos de las parroquias, arreglos de iglesias o ermitas, publicaciones culturales, colectas para necesidades universales, vida de las Asociaciones, etc. Pronto nos dimos cuenta de que los feligreses lo primero que leían eran las noticias de cada pueblo, de manera que se enteraban de los aconteceres por nuestra Hoja, después pasaban a leer los demás artículos y el comentario a los Evangelios. Servíamos de comunicación de la vida de la iglesia en Cameros y de pequeño periódico de nuestros pueblos: “Enhorabuena por la boda de tu hija, me he enterado por la Hojita de la Sierra”.

A lo largo de 20 años de trabajo de coordinación de la Hoja de la Sierra se han producido anécdotas de todas las clases. Varias veces la nieve interrumpió su reparto en los pueblos más altos, hubo bastantes personas que empezaron a coleccionarlas y cada año había que repetir números sueltos que se habían perdido o recogerlas de pueblos donde habían sobrado y se amontonaban en la mesa de atrás hasta que venía gente del verano y se llevaba los números atrasados. En una ocasión una señora después de recoger las hojitas atrasadas, vino y me dio 25 € para la parroquia porque era la cantidad debida por las hojas; al decirle que no se pagaban, que eran gratis  – me dice –no si ya lo sé que son gratis pero al ver los números de la Hoja que me faltaban, me he dado cuenta de los domingos que he faltado a la Misa y son 25 Domingos. Como yo siempre hecho en el cestillo un Euro por Misa, aquí está lo que debo a la Parroquia. Gracias, señora.

Hubo una época en que la Hoja se fotocopiaba en la Escuela, en la Educación Compensatoria, que apoyaba también todas las movidas culturales de la sierra, y al subir con las hojas hacia casa, había un caminero que estaba en su garito y con el cual yo echaba unas cuantas parrafadas sobre su vida, su trabajo, sus problemas. A él le servía de descanso, de consulta incluso sobre ciertos problemas de papeles, de ánimo en su soledad y a mí me daba ocasión de charlar sobre todo lo habido y por haber con él, y al despedirme cada semana le dejaba un ejemplar de la Hoja de la Sierra, que él dejaba con cuidado en la estantería que tenía encima de la mesa. Yo veía que las guardaba una encima de otra y al cabo de un año me dice: “Ángel, no te enfades por lo que voy a decirte, yo te he cogido la Hoja durante un año, pero la verdad es que no sé leer, y las he guardado para que puedas dárselas a otra persona que sepa leer. Me daba vergüenza despreciarla y a la vez confesarte esto”. Desde entonces las cartas que recibía me las presentaba para que se las leyera y le aconsejara cómo contestar. Y por supuesto, ya no le dejaba la Hoja, aunque seguían nuestras conversaciones y la confianza que habíamos logrado a través de la Hoja de La Sierra.

Recuerdo también que la Hoja de la Sierra se intercambiaba con la que publicaban los compañeros del Camero Viejo y eso nos servía de comentarios, de chistes, y de intercambio de artículos interesantes y de noticias comunes en el comienzo de nuestras reuniones. Ellos también se dieron cuenta de que la gente lo que primero leía eran las noticias y aprovechaban este gancho para que los feligreses leyeran otros artículos de fondo, sobre la Biblia, los tiempos fuertes de Cuaresma o Pascua, las celebraciones, etc.

 Ángel F. Domínguez Tabernero

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