NADIE NOS COMPRENDE COMO MARÍA

mES DE MAYOMaría Santísima continúa siendo la amorosa consoladora en tantos dolores físicos y morales que afligen y atormentan a la humanidad. Ella conoce nuestros dolores y nuestras penas, porque también Ella ha sufrido, desde Belén al Calvario: «Y una espada atravesará tu alma.» María es nuestra Madre espiritual, y la madre comprende siempre a los propios hijos y los consuela en sus angustias.

Además, Ella ha recibido de Jesús en la cruz esa misión específica de amarnos, y amarnos sólo y siempre para salvarnos. María nos consuela sobre todo señalándonos al Crucificado y al paraíso.

Tenemos necesidad de María. Como esclava del Señor, María estuvo dispuesta a la entrega generosa, a la renuncia y al sacrificio a seguir a Cristo hasta la cruz. Ella exige de nosotros la misma actitud y disposición cuando nos señala a Cristo y nos exhorta: «Haced lo que Él os diga.» María no quiere ligarnos a ella, sino que nos invita a seguir a su Hijo.

“Tenemos necesidad de ti, Santa María de la Cruz: de tu presencia amorosa y poderosa. Enséñanos a confiar en la providencia del Padre,  que conoce todas nuestras necesidades; Muéstranos y danos a tu Hijo Jesús, camino, verdad y vida;  haznos dóciles a la acción del Espíritu Santo, fuego que purifica y renueva. ” (Juan Pablo II)

Descargar Hoja completa del 3 de mayo de 2015: (1090) V Domingo de Paascua

“¡QUÉ BUENO CAMINAR CONTIGO!”

Vocaciones2015Jornada de las Vocaciones Nativas

“¡Qué bueno caminar contigo!” Cuando una persona, generalmente un joven, acepta la llamada de Dios, experimenta una enorme alegría y gozo. Es el comienzo de una nueva etapa, impregnada de amor y bondad, que ha de recorrer. Inmediatamente, sin buscarlo, casi sin desearlo, se experimenta la belleza de la donación.

Las vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio son “echar a andar” con el Otro, conscientes de que junto a ellas camina el compañero silencioso, oculto y a veces “disfrazado”, como sucedió a los discípulos de Emaús: inicialmente no le reconocieron, pero se sentían muy a gusto con el “desconocido”; más tarde descubrirían que era el Resucitado. Cada vocación vive en profundidad esta certeza de recorrer el camino de la salvación en la cercanía y proximidad de Jesús. Sin la oración, los esfuerzos de los misioneros, por valientes y sacrificados que sean, corren el riesgo de ser vanos. La fuerza del amor es la que impulsa a la misión. Además, es el mismo Espíritu el que abre los corazones de las personas y las predispone a escuchar con fe; se puede decir que va delante del misionero (Cf. R M 45c). A esto hay que añadir una aportación que cada día adquiere más relieve: los monasterios en los territorios de misión son una fuente imprescindible para alimentar la espiritualidad misionera; a ellos acuden los misioneros para hacer un alto en su camino, recuperar la fuerza del Espíritu y tener luz en su labor evangelizadora.

Hoja de la sierra completa para descargar del 26 de abril: (1089) IV Domingo de Paascua