María

imagesCAFFG10QCon este último domingo del mes de mayo, estamos ya tocando el final de este gran mes dedicado a la Virgen, y no habíamos dicho ninguna palabra de la Virgen, aunque son muchas las novenas que ya hemos dedicado, o vamos a dedicar durante los meses veraniegos a hablar de María, bajo las diferentes advocaciones cameranas.

Pero permitidme que en esta última hoja de mayo, alabemos a MARÍA, sin apellidos, sin títulos, sin advocaciones, sin coronas. Simplemente miremos a la joven, a la madre, a la anciana, a la mujer, que dijo a Dios, sin reservas.

Esa mujer, trabajadora, que cuidó de los suyos, que lloró, sufrió y gozó de alegría, a lo largo de su vida, como cualquier mujer de su época. Pero sobre todo esa MUJER, con mayúsculas, que fue la que creyó, la que concibió en su seno virginal, la que huyó a Egipto, educó al hijo de Dios, lo acompañó en su camino a la Cruz, lo vio resucitado. Y más tarde, fue la Madre de todos los que nos decimos Cristianos, a los que también nos cuida, nos ayuda, nos acompaña.

En definitiva, la mujer de la historia y la MADRE DE LA FE.

A ella recordamos este mes de mayo, y lo hacemos como deberíamos hacerlo cada día de nuestras vidas, con cariño, alegría y amor. Por lo menos tanto amor como el que sabemos que nos tiene a nosotros, porque nos lo ha demostrado dándonos a su Hijo.

Hoja completa del 25 de mayo: _1052_ VI Domingo de Pascua

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